Cruce de caminos

Las espadas bajan de todo lo alto camino de la vaina y la tranquilidad. La carne se retira del asador y los duelos bajan de las cumbres. Los fines son tan ilusionantes como los comienzos. Y si son de ciclo, parece que los propósitos vuelven a las listas tras el estruendo y la furia, como diría Shakespeare. Las horas y los reyes muertos y puestos. Los atajos que no llevan a nada o son ineludibles cuando te empujan hacia ellos con pañuelos y silbidos. Ya solo queda el estruendo. La furia acabó y volvemos a observar las cenizas y los humos eternos. Con los cadáveres partiendo con una moneda en cada ojo, pero sin Caronte y su barca. Y todo nuevo resurgiendo como siempre. El comienzo ansiado tras el tedio ansiado. Las ganas de ese cambio quieto que veneramos. Los ojos abiertos relucientes frente al espejo. Mirándote y contando la vida como el idiota de Macbeth.

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