El sueño de una noche (aburrida) de verano

Cogió el móvil, las llaves y se montó en el Volvo. A ver si había suerte, y esa noche echaba un po...quito de tierra de por medio entre sus problemas conyugales y su sonrisa permanente. Me conquistó desde el principio de la calle con su delantera: faros de xenon, piel metalizada, asientos de cuero y varios minutos que pasaron volando hasta un sofá rojo en medio de un parque. No comprendía muy bien porqué me sentía agusto con una desconocida descarada, pero me había rescatado de los brazos del aburrimiento y eso se merecía una oportunidad con duración de un combinado etílico. Fue una terapia peligrosa entre cortinas de recuerdos. Ni me entraban ganas de besarla solo por ver lo próximo que iba a decir. Tumbada y de negro me hablaba de libros. Tumbado y con vaqueros le hablaba de pasteles. Cada loco con su tema. Los dos sonreíamos mientras nos descubríamos mutuamente. Las palabras viajaban del filo de su vaso a las patillas de mis gafas. Nos duró la conversación entre elogios y árboles hasta que el camarero quiso. Me fue a dejar en casa justo cuando recordó que yo tenía agua corriente y poca experiencia en esas situaciones. Prometo que solo se tomó un largo vaso de agua y más palabras con guarnición de visita turística por mi casa desordenada. Duramos hasta que el sol nos preguntó si podía amanecer. Le dijimos que esperara. Que todavía nos quedaban varias anécdotas que echar al reciente fuego de nuestra amistad. No nos hizo caso, pero poco nos importaba. Me despedí con un silbido y eché la persiana mientras te sonreía por última vez.

Hoy ya no me acuerdo con que pensamiento me dormí aquel amanecer. No recuerdo si me tapé con tus preocupaciones o me quité la camiseta y la puse sobre mis pensamientos. No lo sé. Ahora solo te doy las gracias por ayudarme a veces con mi caña en mis noches de pesca. La madre sabia sabe lo que se hace, créanme....

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