La hora de la verdad

Mi cabeza está inmersa en un dilema económico-moral importante. Las razones se entrelazan y las motivaciones no dejan de estar muy claras. Quedarme quieto es casi tan deplorable como cometer el acto. Un acto sin vuelta atrás. Una decisión que me dejará marcado de por vida. Quien sabe si satisfecho o lamentándome amargamente. La palabra dilema se me antoja corta para lo que vivo. Las palabras se me quedan escasas para decidir.
Por ello, lo apostaré todo a la hora de la verdad. Esa milésima de segundo donde tienes que decidir y jugártela sin vuelta atrás. Echar el resto y esperar consecuencias. Justo en ese momento es donde uno se demuestra a sí mismo su verdad. Si es capaz o no de según que cosas. Lo demás es solo palabrería barata. Y te recuerdo que las palabritas se las lleva el viento como dijo Nuria Fergó. ¿Que ocurrirá? No lo sé. Últimamente sé poco. Los impulsos mandan y me guían por la senda de la vida con resultados aceptables. Quizás sea mejor esperar. Esperarla.
Volverme a sentar en la silla del tiempo y observar. Seguir ensimismado en uno mismo y olvidarse del ruido. Mañana será otro día. Puede ser un gran día. Aprovecharlo o que pase de largo depende en parte de mí.
La foto es del romano del misterio de la Amargura. Pura metáfora del texto que la acompaña...

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