Sonreía entre lágrimas

Melena castaña y treintañera. Entré serio y pasé a su lado asombrado. Me sonrió levemente. Estaba en una esquina sentada haciendo su trabajo. Y haciéndolo bien. Pasaba desapercibida para casi todos. No era la protagonista. Yo tampoco. Estuve allí casi media hora. Observándola observar su rutinario y desolador entorno. Salí del edificio y estaba lloviendo. Era invierno, pero aún recuerdo a la pianista del tanatorio.

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