Oye, ¿Anoche qué?

No lo sé. Recuerdo poco. Un síntoma contradictorio en estos casos. Los moratones en mi cuerpo se asocian a una torpe y cómica caída en la puerta de la fábrica de cigarrillos. Despertar desorientado en casa ajena y perfectamente vestido con móvil y llaves en los bolsillos dice mucho del tipo de cogorza sucedida. Una acumulación de whisky y tequila baratos. ¿Beber para olvidar? Error. Beber para recordar. Para recordar que en el fondo del vaso de tubo no se hallan las respuestas a casi ninguna pregunta. Dormir un rato en el asfalto no me acerca más a la vida de la calle, pero las marcas se quedan en el rostro casi de igual forma. El viernes no solo vomité palabras.

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