Japos y varales

Hoy me he pelado con el Salón del Manga de Sevilla en la mente sobre aquella silla. Tijeras de plata para un público de oro escrito sobre el espejo de la cabellería. Aún ando trastocado y toco cada vez que paso por mi estantería, la entrada del concierto de Calamaro. Hasta entonces, seguiré devorando cuentos y entrevistas de Quim Monzó. Mi última adquisición para mi galería de ídolos no tan masificados que amaso y les doy forma de genios particulares. Les recuerdo que en plena Cuaresma y fiebre por tomar una foto ante el paso del paso, me seco la boca de acallar palmas y olés del gentío. Desde aquí me aventuro a decir que el McCafé que han puesto en los bajos del Nervión Plaza no va a triunfar y su intención de americanizar los aledaños del C2 será en balde. Les comento que es como un Starbucks de pacotilla donde el dependiente no sabe preparar el café que sale en la foto. Vengo de la Sagrada Mortaja y no me permito morir hasta verla salir otra vez por Bustos Tavera.

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