Madera de padre

No hay más fe que la de San José. Esa es la conclusión con la que me acuesto hoy. Pónganse en su situación. Sobre todo, los hombres. Un carpintero normal y corriente al que su mujer le dice que va a tener un hijo de Dios. Es decir, de alguien todopoderoso y no terrenal. Un chollo para pedir explicaciones, vamos. Pues bien, José se traga lo de que su parienta está embarazada de otro y además con explicación poco convincente incluida. Atentos. María queda embarazada por el Espíritu Santo (una paloma), lo cual es transmitido a la protagonista por un tal Arcángel Gabriel. ¡Toma ya! Como para desconfiar de Gabriel y de su pájaro, nunca mejor dicho. Bueno, pues todo eso se lo creyó el pobre de José. No me digan que no tiene fe el chaval. Yo me pongo en su piel y no se como reaccionaría. ¿Mi mujer embarazada de otro y yo tengo que criar al chavalito? Hombre, es una papeleta interesante. Además el niño es perseguido por el presidente del gobierno (Herodes) y hay que huir a otro país. Un artesano exiliado con el hijo de otro y una mujer con una coartada bastante sospechosa perseguido por el gobierno. ¡Con lo tranquilo que estaba él en su carpintería de pueblo! No le importó echarse la familia a cuestas y luchar. Creer ciegamente en aquella mujer embarazada y en su versión de los hechos. Afortunadamente, todo después salió bien y él pudo quitarse de en medio antes de que se complicaran aún más las cosas. Enseñó a su hijastro el oficio de carpintero, pero llevaba en los genes la vocación de todopoderoso (como es normal, dado su padre) y cogió otro camino. Según cuentan las escrituras, José murió cuando Jesús entraba en la adolescencia. Esperemos que lo hiciera feliz. Se lo tiene merecido.

Espero que este texto sea tomado como un homenaje a San José. La blasfemia queda lejos de mis intenciones y solo pretendo encumbrar, en mi opinión, a uno de los grandes olvidados por la historia.

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