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Es decir, Gustavo Adolfo Dominguez Bastida. Es decir, Becquer. Un sevillano nacido en la calle donde nació mi madre y el mismo día que nació mi madre. Solo que con un siglo de diferencia entre ambos artistas. Gustavo es el mejor. Es otro personaje que encumbro a la altura de lo más grandes solo por haber nacido en el mismo pueblo que yo. Capitalismo asqueroso, que se dice. Un poeta romántico y oscuro. Con el negro como acompañante diario en sus peripecias por la capital o por Madrid. Pues bien. Hoy se cumplen 139 años del eclipse total de sol que se lo mató. Y desde mi poltrona le quiero rendir homenaje al poeta de mis amores. A uno de los grandes. A uno de los nuestros. Para completar este tributo, añado un poema brutal que todos conocereis como empieza:

Dos rojas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan, y al besarse
forman una sola llama.

Dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca,
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan.

Dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata.

Dos jirones de vapor
que del lago se levantan,
y al reunirse en el cielo
forman una nube blanca.

Dos ideas que al par brotan,
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden,
eso son nuestras dos almas.

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