Muchos ruidos y poca nuez

Esa manida frase describe a un porcentaje demasiado alto de nuestra sociedad. Nos pasamos una infinidad de tiempo envalentonados y prestos a realizar acciones increíbles que dejaran a todo el mundo boquiabierto. Pero al final, na de ná... No digo que sea acojone, pero hay algo que nos echa para atrás en el momento de la verdad. Ese instante donde se cuece todo. Donde uno se da cuenta si es capaz de arriesgar sus gafas por salvar de un puñetazo a un amigo. A un hermano. Ese momento te da la respuesta a la pregunta de si eres capaz de pegar a alguien por salvar el honor de tu amada, a pesar de que no hayas pegado a nadie en tu vida. Adrenalina corriendo por la venas y una sensación reparadora si uno le echa arrojo y se lanza a por la vaquilla en una capea.
Porque al fin y al cabo, le echamos más cuenta a las palabras que a las acciones. Nos creemos a los políticos en campaña aunque sepamos que nos engañarán durante su legislatura. Planeamos constantemente el decir cosas a la gente que después no se cumple, puesto que frecuentemente no encontramos el momento de decirlo. ¿No?
¿Les suena todo esto, verdad? Aunque quizás este post solo sean más y más habladurías. Todo se queda aquí. En unos caracteres negros que lanzan un mensaje contra la pasividad juvenil desde la pasividad más absoluta. Desde la poltrona de mi cuarto. Un poco de autocrítica, Ochoa...


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