El extranjero

Así se tituló la obra que hizo merecedor del Premio Nobel de Literatura a mi amado Albert Camus. Este escritor que albergo perennemente en la izquierda de este texto en forma de cita célebre y futbolística, me cautivó una noche de verano cuando llegó a mi manos un ensayo (yo no sabía que era eso) llamado El hombre rebelde.
Eso que yo leía ávido y que me mantuvo hasta cerca de las 4 de la mañana despierto releyéndolo una y otra vez impresionado, me ha sorprendido hoy al caer al suelo violentamente cuando recolocaba mi figurita de la primera comunión. Por ello, no he podido evitar dedicarle un trocito de blog a uno de los pocos franchutes que admiro. Les dejaré con el comienzo:

¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento. El rebelde (es decir, el que se vuelve o revuelve contra algo) da media vuelta. Marchaba bajo el látigo del amo y he aquí que hace frente. Opone lo que es preferible a lo que no lo es.

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