La historia de los (que estaban) gordos

Con kilos de más y autoestima de menos. Así eran ellos. No se conocían. Se miraron en la puerta del gimnasio. La primera impresión de él: "Vaya gorda de vergüenza". Ella incluso susurró al aire: "Encima de gordo, feo de coj...". O sea: contigo no, bicho. Aún. Si, si, aún. Porque 84 tardes después estaban merendando juntos. ¿Cómo? Fácil. Bueno, para ellos no fue sencillo deshacerse de la grasa y la inseguridad que tenían. Eso sí, esa merienda constó de zumos y tajás de sandía. Atrás quedaron los gofres, porque para dulces, ya se tenían el uno al otro. El monitor del gym encendió sin saberlo la llama del amor (y la cinta de correr). Los meses pasaban y ya ellos no pasaban del otro. Las miradas, bajas en calorías, se entrelazaban como las milhojas que desayunaban antes de conocerse. Poco a poco y kilo a kilo fueron engordando su amor mientras se libraban de lorzas acomplejadas. Todavía siguen juntos y su amor es tan fuerte como su monitor de spinning.

Es adorable. Se repudiaban por su físico y ahora están enamorados. Se gustaron al ir adelgazando y ya no importa lo que hayan adelgazado porque se aman. La paradoja de mejorar físicamente para dar una primera impresión que permita que se "enamoren" de ti y, ya una vez enamorado/a, no importe aquella impresión y seáis novios sin pensar en el físico. Me encanta esta historia.

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