105


Suena a poco dicho así. Parece el número de una habitación de hotel. O el peso de mi padre tras un buen verano. Es solo un número. Hoy, un símbolo. No sé muy bien a que me sabe ese número que hoy se pronunció tanto. Me sabe a gloria holandesa, a parada de autobús delante de la pizzería, a la Aerox negra de mi hermano por Eduardo Dato, a cruces en la arena de Gol Sur, a porras de la UIP en la jaula, a lluvia con charcos en los aledaños, a tifo nuevo, a lunes cabizbajos, a lunes exultantes, a laSexta con Montes, a la radio con Alvarado, al ABC con Arrocha, a cánticos llegando a mi casa y a silencios tras la cena,... me sabe a casi todo. No conocí pasión tan grande en las dos décadas que cargo. Una pasión que se transforma en 105 pasiones, 105 goles, 105 largueros malditos, 105 paquetes de pipas, 105 perritos con 105 refrescos, 105 almohadillas para 105 puros en una Preferencia silenciosa, 105 biris con 105 bufandas al vuelo, 105... años. ¡Puf! Qué de años, miarma.

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